La bolsa tiene dos representaciones por antonomasia; una de ellas es un grupo de exaltados profiriendo ininteligibles órdenes a un tipo que se afana en tomar nota de cuantas puede en una libretilla; la segunda es un gráfico con una línea psicótica, que sube y baja de forma caprichosa, rodeada y ensartada de símbolos, rayas, bandas y números. Hoy os hablaremos de cómo la segunda no siempre es cierta; el próximo martes os hablaremos de cómo, cuando es cierta, puede ser una útil herramienta, y el jueves os explicaremos qué narices está ocurriendo realmente en la primera. Suena interesante, ¿verdad?
Como os decía, esa línea tan seguida no es realmente una línea, sino más bien una serie de puntos. Cada punto es una negociación entre dos partes, a un precio. Y normalmente están bastante juntos, porque existe un precio relativamente objetivo que el mercado acepta. Pero hay momentos en los que el precio no está tan claro. Es entonces cuando entran en juego las subastas.
Las subastas buscan fijar un precio sólido, claro, para un valor, que por algún motivo ha dejado de tenerlo:
- Puede que el mercado haya estado cerrado durante la noche, un festivo o cualquier otro período de tiempo, en el cual el precio haya podido variar sin referencias;
- Puede haber ocurrido algún hecho, conocido o no, que haga dudar a los compradores y vendedores del precio objetivo de la acción (esto se detecta por una volatilidad muy alta, y fuera de lo normal, aunque no conozcamos el hecho);
- Puede que se quiera fijar un precio más en un momento concreto del tiempo para publicarlo más permanentemente (final de día, o mediodía en algunas bolsas); o
- Puede que simplemente el valor no tenga la suficiente liquidez como para constituir un precio sólido en un mercado continuo.
En el último caso, el valor está en subasta permanente. Es lo que se llama el fixing; se realizan dos subastas en todo el día, fijándose dos precios relativamente sólidos al día, en lugar de cotizar de forma continua.
El resto de casos afectan a un valor que normalmente está cotizando (esto es, las órdenes del libro de órdenes se ejecutan en cuanto pueden). En el mercado continuo español, por ejemplo, hay una subasta de apertura, una subasta de cierre, y pueden darse varias subastas de volatilidad, cada vez que el precio se aleja demasiado de cualquiera de estos dos precios:
- Precio estático: el precio con el que se cerró la última subasta (por ejemplo, el precio de apertura)
- Precio dinámico: el precio de la última negociación que se ejecutó para el título
Al llegar al límite que se establece a una distancia concreta de cualquiera de estos dos precios, el mercado “salta”, y se produce una subasta de volatilidad. Así, se busca fijar puntos estables de precios cuando el precio varía muy rápidamente, que sirvan un poco de referencia.
Dentro de una subasta podemos seguir introduciendo órdenes en el mercado, pero ya no se ejecutarán inmediatamente, sino que quedarán registradas, pendientes (y modificables y cancelables) mientras dure la subasta. Una vez se termine la subasta – que suele tener una duración aleatoria para dificultar los intentos de manipulación del precio – el mercado se mantiene cerrado durante unos momentos.
Durante este tiempo, se busca el precio de la subasta. El precio es aquel que cumpla estos requisitos (en orden de importancia):
- El que consiga el mayor cruce de operaciones / títulos / efectivo (creo que títulos)
- El que mantenga un menor desequilibrio entre la oferta y la demanda de la subasta
- El que esté del lado de mayor volumen de oferta o demanda
- El que esté más cerca del último precio del valor (el precio dinámico)
Una vez se termine la subasta, hay un pequeño tiempo durante el cual no se pueden introducir órdenes, mientras se lanzan todas las ejecuciones a cruzar, y a partir de ahí se vuelve a abrir el mercado con el nuevo valor como precio estático.
Artículos relacionados: