Una opción es un tipo de derivado, parecida a un futuro. Como todos los derivados, tiene un activo subyacente (pueden ser naranjas, lluvia, oro, acciones…), sobre el que se establece un acuerdo.
En este caso, el acuerdo es, como en el futuro, la compra en una fecha futura del activo subyacente a un precio determinado en el contrato. Sin embargo, y en contraste con el futuro, en una opción el comprador tiene derecho a elegir si compra o no (el vendedor queda obligado a vender o no, según decida el comprador). Como esto es un poco injusto para el vendedor, el comprador tiene que pagar una prima por establecer el contrato. Esa prima se puede decir que es el precio del derecho a ejecutar el contrato.
También se puede hacer al revés: el comprador compra el derecho a vender el activo, y el vendedor adquiere el deber de comprar al precio fijado si el comprador lo decide. A esto se le llama opción put, es decir, la opción de colocar tu activo, frente a la otra, llamada opción call, la opción de reclamar el activo.
Como comentábamos cuando hablábamos de los futuros, en los derivados se suele hacer uso del gráfico de precio-beneficios. En las opciones son un poco más interesantes que en el contrato de futuros:


Parece un poco tonto ser el vendedor de una opción, ¿verdad? Muy poco beneficio, con un máximo infranqueable (si fuéramos a ganar mucho dinero, el comprador decidirá no comprar, y nos quedaremos sólo con la prima), y con un riesgo de pérdidas infinitas (cuanto más suba el precio, más dinero perdemos, y esto no tiene fin). Pues paradójicamente hay quien sostiene que es comprar opciones lo peligroso. Obviamente los vendedores no son tontos, y tratarán de ajustar las primas y el precio de ejercicio para minimizar su riesgo. Además, si el precio se desliza hacia su zona de pérdidas, en realidad no lo hará hasta el infinito, sino probablemente sólo un poco. Esto les permite a los vendedores asegurar pagos muy seguros de dinero con un riesgo pequeño.

Una compra de call y una compra de put en el mismo precio suman un cono.
Y, además, existe un último recurso, que es además lo que ha hecho que las opciones sean tan demonizadas como instrumentos peligrosamente difíciles de utilizar: se pueden combinar de mil y una formas, en productos estructurados, de forma que podamos construir contratos muy complejos con una serie de opciones. Más adelante veremos diversas construcciones, pero para ir abriendo boca, vamos a ver un ejemplo: imaginad que compramos una opción call y una opción put. Si el precio baja, sólo tenemos que ejercer la opción put y dejar expirar la call; si el precio sube, ejercer la call y dejar expirar la put. De esta forma, si el precio se mueve un mínimo, ganaremos dinero (si el precio, por el contrario, queda cerca del de ejercicio, perderemos un par de primas, dejando expirar ambas opciones). Esta figura se llama cono comprado (long straddle), y ésta es su gráfica de precio-beneficios.
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