¿Qué es una crisis?

Llevamos un tiempo ya en crisis, y seguro que tienes ideas intuitivas sobre ello, pero, ¿te has parado a pensar qué es exactamente una crisis económica?

Para ello tendremos que hablar antes del Producto Interior Bruto, mucho más conocido por sus siglas: PIB. El PIB es, básicamente, la suma del precio de todo lo producido en un país durante un año; no vamos a entrar en más detalles en esta entrada (un concepto tan importante se merece mucho más texto), pero nos quedaremos con la idea de que el PIB va creciendo año tras año, en un porcentaje variable.

Aunque cada año va variando, la historia del PIB de un país va marcando una tendencia de crecimiento. A esto se le llama el PIB potencial o tendencial, en contraste con el PIB real de cada año, que en un alarde de imaginación y creatividad se ha dado en llamar eso, PIB real. La diferencia entre ambos es lo que se llama la brecha de producción; y date, resulta que esta brecha varía de forma cíclica. Esto es lo que se llama ciclo económico. Cuando el PIB real se mantiene en descenso un tiempo extendido – unos seis meses – con respecto al PIB potencial (es decir, cuando consistentemente un país genera menos riqueza que lo que debería según su historia) se dice que se entra en recesión económica, y es cuando empiezan a destruirse puestos de trabajo, cerrar empresas, montarse manifestaciones, y sudar los políticos al cargo – aunque no mucho.

Ciclo económico: Auge, recesión, depresión, recuperación

Curiosamente, las recesiones económicas que nos hunden en depresiones son bastante cíclicas, ocurriendo una cada plazo de de siete a diez años; la crisis inmobiliaria no es excepción, pues ocurrió ocho años tras la burbuja de las .com

Políticas económicas

La teoría económica imperante dice que el estado debería tomar cartas en el asunto para intentar frenar estos ciclos, y garantizar en todo momento la estabilidad de precios, el crecimiento económico y el pleno empleo. Para ello, hacen uso de una serie de técnicas, centradas fundamentalmente en los ámbitos fiscal y monetario, que se pueden agrupar en dos conjuntos separados: los estabilizadores automáticos y las medidas discrecionales.

  • Los estabilizadores automáticos son sistemas diseñados para frenar el consumo cuando la economía se expande, e incrementarlo cuando ésta se contrae. La idea es que el estado recaude más dinero en épocas de bonanza, aumentando la carga impositiva y frenando la economía, para cuando se entra en crisis tirar la casa por la ventana y ponerse a gastar como loco con la esperanza de frenar el círculo vicioso de pierdo el trabajo porque no me compran así que dejo de consumir.
    Un estabilizador típico es el impuesto al consumo. Al tasar cada intercambio de dinero por bienes o servicios con el IVA, el estado te quita capacidad adquisitiva de forma proporcional a lo que gastes. Otro mucho más perturbador es el paro. Igual ya lo sabes, pero el paro no está para ayudar al pobre tipo que perdió el empleo, sino para que siga gastando y no fastidie al resto.
  • Junto a ellos, se toman acciones discrecionales. Éstas son acciones puntuales decididas por el sistema en momentos concretos, como puedan ser modificaciones a leyes, aumentar los sueldos mínimos, abolir un impuesto, etcétera.
    Una de las más relevantes es la modificación de los tipos de interés; al subir los tipos, el dinero pasa a ser más caro, el préstamo y el apalancamiento vital para la actividad empresarial se vuelve más costoso, y la economía se frena. A la hora de acelerar todo, se bajan los tipos para ayudar en la medida de lo posible a la actividad económica.

Limitaciones

Dado que ahora mismo estamos en una profunda crisis, te habrás dado cuenta de que la teoría que te he estado contando no encaja exactamente con la realidad de lo que sucede en el día a día. Y es que hay límites en la capacidad que tiene el estado de contrarrestar el ciclo económico:

  • Para empezar, todas las medidas discrecionales llevan un gran decalaje con la entrada en la crisis; el Gobierno, por muy eficiente que sea, puede tardar en aplicar medidas, o éstas pueden tener un período de latencia para empezar a funcionar.
  • Otra cosa es que, en realidad, el consumo actual no está ligado a la riqueza actual, cosa que esta teoría asume; esto es falaz en dos puntos. Primero, el uso del crédito permite gastarse dinero de períodos de crisis en períodos de bonanza – y no poder ver el futuro no ayuda a la hora de decidir si coger un préstamo o no. Segundo, es obvio que un país puede generar riqueza sin aumentar el consumo, y viceversa.
  • Además, la excesiva injerencia del Estado en la economía tiene un efecto expulsión que hace que muchos negocios no puedan llevar a cabo su actividad. La modificación artificial de los mercados, en general, no es una buena idea, pues pese a las burbujas eventuales, el mercado es el mejor mecanismo que conocemos para regular los precios, y alterar las reglas del juego puede tener efectos inesperados. Muchos economistas piensan que, más que equilibrar, estas acciones distorsionan la autorregulación de los mercados.
  • Por último, y no por ello menos importante, existe un grave conflicto de intereses. Nadie quiere frenar el crecimiento, pues genera muchos votos, y aumentar los impuestos y dejar de gastar en los votantes los quita. Por no irnos muy lejos, cuando la teoría decía que había que recaudar, Zapatero se puso a regalar 400 € de rebaja fiscal, justo antes de la crisis, y, en plena crisis, para financiar el Plan E necesita subir los impuestos en plena depresión económica. Es decir, no tiene dinero para gastar, así que grava el ahorro y la inversión para poder aumentar él el gasto.

En suma, los supuestos estabilizadores automáticos pueden llegar a convertirse en desestabilizadores automáticos, y las medidas discrecionales pueden llegar a ser atrocidades. Es por ello que los Gobiernos han de alinear sus políticas con estudios económicos detallados, y no lanzarse al vacío con políticas exóticas y poco estudiadas, por llamativas que resulten a la prensa.

Una última nota, investigando para este artículo hemos encontrado, vía El Blog Salmón, una interesante web que nos indica si ha acabado ya la crisis. Muy útil para contrarrestar anuncios políticos surrealistas…

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