Tradicionalmente el Estado (ahora lo hace la Unión Europea) tiene control, a través del Banco Central, de cuánto dinero hay en circulación. Esto lo hace a través de una palanca básica, que sirve para aumentarlo o disminuirlo. Esta palanca la constituyen los tipos de interés.
El Banco Central (Europeo, en nuestro caso) fija un tipo de interés al cual presta dinero. Cuanto más baje los tipos, más gente coge dinero prestado ahora, que luego tendrá que devolver, y por tanto, más dinero se pone en circulación (como el Banco Central puede imprimir todo el dinero que quiera, o destruir todo el que quiera, es por donde crece la masa monetaria total).
Cuanto más dinero haya en circulación, y cuantos menos tipos haya, más dinero se puede gastar (y, de hecho, se gasta la gente). Es decir, que para la misma oferta de cosas, habrá más demanda, elevando los precios. Esto hace que la inflación crezca, pues los precios suben. El Índice de Precios de Consumo o IPC es una estimación de la inflación anual. Pero también hace que la economía crezca, pues hay más consumo, se crea empleo, y sube la producción y el PIB.
Igual al revés: si suben los tipos, la deuda es más cara, la gente se endeuda menos, y el Banco Central llena sus arcas de dinero que no se usa (lo retira de circulación); al poder gastar menos por no poder endeudarnos, se gasta menos, baja la demanda, y se contraen los precios, así que hay menos inflación, pero destrucción de empleo, recesión y pérdida de producción y PIB.
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Es conocida la relación macroeconómica entre inflación y tipos de interés: Si hay temor inflacionario los tipos suben para contraer la demanda y hacer que bajen los precios. Por el contrario, unos tipos bajos hacen que la demanda aumente, y si no hay un aumento correlativo en la oferta de bienes y servicios, la tensión se traslada a los precios provocando inflación. El tipo de interés, entonces, es la variable instrumental para controlar y dirigir las economías de libre mercado. Políticas blandas de tipos bajos promueven crecimiento, pero pueden ocasionar inflación. Por el contrario, políticas monetarias duras de altos tipos y dinero escaso, facilitan reducir la inflación, pero deprimen la demanda, y con ello la producción y el empleo. Bien, esto estaba claro…. Pero aporto dos preguntas-comentario:
1º ¿Hay un tapón en el sistema financiero bancario que impide trasladar los muy reducidos tipos de interés del BCE a la economía real? ¿tiene la banca algún tipo de responsabilidad?
2º ¿Qué margen de maniobra les queda a los Bancos Centrales si los tipos de interés en el mundo desarrollado están cercanos al cero? ¿seguiremos creyendo en la eficacia de la política monetaria como reguladora de nuestros sistemas económicos?
Amigo F, has dado en el clavo; precisamente, el Banco Central Europeo, en nuestro caso, ofrece dinero a un tipo de interés X.
El Euribor (el tipo interbancario europeo) se establece al mismo tipo, pues si subiera, los bancos podrían pedir al banco central en lugar de a otro banco; el resultado efectivo es que el BCE controla por completo el nivel del Euribor; por eso se dice que el BCE (o incluso el Banco de España) “fija” el Euribor. En realidad, lo fija la Federación Bancaria Europea, a través de la media de los tipos ofrecidos por los 64 bancos más relevantes de Europa (eliminando valores extremos)
El problema viene cuando el banco ofrece préstamos de dinero a empresas y particulares a un tipo por encima del euribor, encareciendo el precio del dinero en un porcentaje extra mirando su único beneficio.
La situación se agrava más teniendo en cuenta que, si tú prestas dinero al banco, te da un tipo ridículo. Mi cuenta corriente del Santander tiene un TAE del 0,01%. Huelga decir que no tengo mucho dinero parado ahí… Es decir, que un banco recibe préstamos de la población a tipos por debajo del Euribor y ofrece tal dinero en préstamos por encima del Euribor con el mismo dinero.
Los bancos tienen, ciertamente, una posición bastante potente para hacer cosas bastante indiscriminadas, y hasta que no llega alguien a cambiar las cosas, el statu quo se mantiene en un pacto de “caballeros” en el que nadie levanta un dedo por el cliente. Tuvo que venir un banco holandés a España para que una cuenta corriente diera un mínimo de interés, en el siglo XXI.
A mí personalmente me parece vergonzoso, y mantengo la atención fijada en algunas interesantes iniciativas que pueden acabar nivelando el terreno…
Con respecto a lo otro que apuntas, sobre las limitaciones de tener la “palanca” del Euríbor como única herramienta de control de la economía, tendrá usted que esperar a que publique un artículo sobre la temida “estanflación”. Brevemente, si bajando los tipos aceleramos la economía y la inflación, “subiendo la temperatura”, y al subirlos frenamos la inflación y la economía, ¿qué narices hacemos si tenemos una economía escancada a la par que inflación? Mover los tipos en cualquier sentido agrava un problema para aliviar otro.
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