Comentábamos anteriormente que el Estado tiene una palanca básica para controlar cuánto dinero hay en circulación: los tipos de interés. Sin embargo, hay más cosas que puede hacer para modificar la masa monetaria. Hoy hablaremos de una forma clásica de hacerlo: el control de la deuda pública.
A los estados les encanta endeudarse, principalmente porque están gobernados por dirigentes que probablemente en una media de dos años se enfrentarán a unas elecciones en las que si gana, seguirá teniendo trabajo, y si pierde, será el contrario quien tendrá que vérselas con el pago de la deuda, y él se desentenderá. Un estado siempre está endeudado, y su deuda actual se mide como un porcentaje del PIB.
Si el estado emite deuda pública, recoge dinero de hoy del inversor a cambio de un papelito; en un futuro, tendrá que deshacer el cambio, pero efectivamente lo que está haciendo es retirar dinero del mercado actual para introducirlo en el de mañana.
Como resultado, la masa monetaria actual se reduce, bajando con ello el consumo, la demanda de bienes, los precios y la inflación.
Como este efecto es indirecto, es menos efectivo que la modificación directa de los tipos de interés. Sin embargo, por ejemplo en Europa el Banco Central controla los tipos de interés, así que los estados pueden usar medios indirectos como éste (si bien con límites regulados) para paliar el no tener control sobre la moneda.
Artículos relacionados: