De vez en cuando ves en los periódicos la noticia: la empresa de turno prepara su salida a bolsa. Todo el mundo entiende que esto es una buena noticia. Pero, ¿te has parado a pensar por qué salen las empresas a bolsa? ¿Qué ganan con ello? A continuación os ofrecemos los cinco principales motivos por los que las empresas asumen esta decisión, que no está exenta de carga: estrictas regulaciones, costes varios, etc.
1. Obtener financiación en condiciones ventajosas para crecer
Cuando una empresa necesita dinero puede acudir a diversos canales de financiación. Un canal típico es pedir un préstamo a un banco. Otro canal típico es solicitar el préstamo a los accionistas. Y una tercera es salir a bolsa.
Al salir a bolsa mediante una oferta pública de venta, se buscan nuevos accionistas que quieran aportar capital a la empresa a cambio de una participación en la misma (las acciones). El capital obtenido por la venta de las acciones pasa a ser parte de los recursos propios de la empresa. De esta forma, la empresa obtiene grandes cantidades de capital que incorpora a su balance, aumentando su tamaño en lugar de sus deudas; de esta forma, no necesita volver a devolver el dinero con un interés (si bien ha vendido una parte suya, y tendrá que pagar dividendos a los accionistas).
2. Aumentar la liquidez de los accionistas
Aunque en una sociedad anónima las acciones son al portador, anónimas, puede ser complicado vender las acciones que poseen los dueños si no existe un mercado para ello. Si fueses dueño de una empresa no cotizada, vender tu participación sería muy costoso: tendrías que primero localizar a un comprador interesado, y acto seguido acordar con él una valoración objetiva de la empresa para venderle las acciones; probablemente, tal valoración constituiría un proyecto realizado por una firma profesional a cambio de unos cuantos miles de euros.
Una vez las acciones cotizan en un mercado, sin embargo, el precio está dado por la oferta y la demanda, por lo que podemos vender rápidamente nuestra participación – o aumentarla –, ¡con cuidado de no disparar o hundir el precio al hacerlo, por supuesto!
3. Establecer una valoración “objetiva” del valor de la empresa
Esto hay que tomárselo con un grano de sal, pues todos conocemos los argumentos en contra de la racionalidad de los mercados, la existencia de burbujas, y los límites en las valoraciones objetivas, pero se puede considerar que, en cierta forma, lo que vale una empresa es igual a lo que alguien está dispuesto a pagar por ella.
Tener un precio objetivo permite conocer en tiempo real la visión de la empresa que tiene el mercado, cómo está valorada, qué confianza se tiene en su cúpula directiva, en su capacidad de alcanzar objetivos y pagar dividendos, y en su probabilidad de supervivencia a largo plazo. Incluso podemos conocer, a través del precio, cómo se descuentan factores que la propia empresa puede no conocer, otorgando una útil medición de su rendimiento actual y expectativas futuras.
4. Hacerse un hueco entre las grandes
Es innegable que cotizar en bolsa otorga un aura especial a la empresa; el prestigio de poder tener la capacidad de cotizar refuerza la imagen de marca de la empresa. No hay más que ver las múltiples noticias que se generan en los anuncios de salidas de bolsa, además, para ver que la publicidad gratuita que conlleva una salida puede ofrecer retornos de inversión muy rápidos.
5. Crear una estructura amplia y estable de accionistas
Si la empresa no está cotizada, es probable que, debido a la poca liquidez de las acciones, estén muy concentradas: quizás en las manos de uno o dos socios; quizás en unos cuantos miembros de una familia. Como parte de la salida a bolsa se hace un estudio en el que se diseña la estructura del accionariado que se pretende obtener. Típicamente se conservará un porcentaje suficiente como para no perder el control de la compañía (uno de los temores más grandes frente a la salida a bolsa, y completamente infundado, pues se puede salir con un porcentaje muy bajo) , y se destinará el resto a segmentos específicos: un tramo a inversores institucionales, otro tramo a minoristas, otro a inversores internacionales, otro a empleados de la empresa…
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