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Un concurso de belleza

Al parecer por Inglaterra se estilaba realizar en los periódicos un curioso concurso de belleza: mostraban en el periódico una serie de fotos de mujeres, y los lectores votaban a la participante más guapa. La característica del concurso era que los votantes de la ganadora también se llevaban un premio (probablemente una participación en un sorteo, dado el número de ganadores, que tendrá que ser alto).

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Keynes, un economista, observó que, en contra de las intenciones iniciales de los organizadores del concurso, los votantes no puntuaban a la mujer que ellos consideraban más hermosa, sino a aquella que creían que los demás votarían. Por supuesto, esto iteraba: había quien pensaba en lo que votarían aquellos que votaran pensando en las votaciones de los demás… Al final, las votaciones no tenían nada que ver con la belleza de las candidatas.

El curioso efecto se repite

Keynes, muy observador, se dio cuenta de que este proceso era análogo al de muchas participaciones en bolsa, en las que la gente compra acciones no por lo que cree que vale la empresa, sino porque cree que tras él otros vendrán a comprar la acción, y el precio seguirá subiendo. Ya sabemos cómo acaba esto, en burbuja. Incluso el especulador ya lo sabe, todo acabará por bajar, pero conoce que sólo le afectará al último de la cadena, y que mientras haya un “tonto aún más grande” que le compre la acción más cara, sacará beneficio. Debido a la naturaleza humana, pensar que uno será el último tonto no se nos suele pasar por la cabeza durante mucho tiempo.

Existe, sin embargo, este efecto en muchos más sitios que sólo en la bolsa. Otro de ellos es cómo se eligen las políticas gubernamentales…

Un ejemplo: el consumo de agua. A todas horas – más ahora en verano – se nos machaca con anuncios proclamando que hay sequía, que hay que ahorrar agua a nivel personal, ¡cierra el grifo mientras te lavas las manos! De lo contrario serás un criminal… No se te ocurra tirar un pañuelo al retrete, etcétera. Recordaréis el anuncio en el que un tipo vacía él solito un embalse entero.

Imaginemos que tenemos la potestad de llevar a cabo una única acción de ahorro de agua. Lógicamente querremos ahorrar toda la posible, así que procedamos a buscar ineficiencias… Nos dirigimos sin dilación a la página del Ministerio del Medio Ambiente, y encontramos rápidamente en un documento los resultados sobre el consumo de agua. El más reciente es de hace dos años, pero bueno. Para ver los datos originales se nos remite a la página principal del Instituto Nacional de Estadística (no a los datos, no, enlace a la página principal, y si quieres te lo buscas). Pero no hay problema, pues en el documento ya te dan procesada la información para que no tengas que trabajar mucho.

Vemos entonces datos como que el 88% de la red de distribución urbana es gasto de hogares. Ciertamente suena mucho gasto, un 88%… Leemos de seguido que las explotaciones agrícolas han reducido su gasto de agua, y rápidamente se nos muestra una “útil” gráfica de sistemas de riego agrícolas, para pasar en seguida a una comparativa del gasto del agua contra el aumento del PIB (?).

Juguemos con los datos…

No sé vosotros, pero nosotros hemos echado en falta un pequeño gráfico, que nos parece ligeramente más esclarecedor que el del PIB. Es éste:

Consumo de agua en 2007 en España

Consumo de agua en 2007 en España

Sí señor, los hogares son los que más… Eh, ¡un momento! ¿Qué es esto? ¡No puede ser! ¡Pero esto no tiene nada que ver con lo que vivimos a diario! Pero sí, señoras y señores:

  • Casi el ochenta por ciento del gasto de agua se produce en arcanos sistemas agrícolas (77%)
  • Las pérdidas debidas al mal estado de la red urbana son casi tan grandes como el consumo agregado de todas las empresas y ayuntamientos (4% frente a 6%)
  • El criminal gasto que hacemos, el principal foco de los esfuerzos mediáticos que pagamos entre todos (independientemente del gobierno de turno), toda la concienciación que se hace sobre el tema del agua, representa un 12% del consumo. El agua que bebemos, con el que nos lavamos, etc.

¿Merece la pena centrarse tanto en mejorar la eficiencia de un 12% del consumo frente a centrarse en un 77%? ¿Con qué cara le dices a la gente que no se lave a diario cuando pierdes más agua que todas las empresas de España? ¿Cómo ocurre esto?

Pues exactamente por el mismo motivo que en el concurso de belleza; el estado no elige las políticas más efectivas para nada, sino que elige las que cree que los votantes verán más efectivas. Los gastos a largo plazo interesan sólo si son grandes y se ven – como las grandes infraestructuras. Si, en cambio, son gastos indirectos, de resultados poco visibles para el ojo no atento o preparado, por cruciales que puedan ser, serán vilipendiados.

¿Creéis que no? ¿Y qué pasa entonces con los fondos para investigación?

Un Comentario

  1. Sisebuto
    Escrito 27 Julio 2009 a las 17:09 | Enlace permanente

    Evidentemente es así. Cualquier problema que surge ante el político,es inmediatamente trasladado a la esfera de responsabilidades del ciudadano, para crear inmediatamente la oportuna campaña de concienciación (vía concurso público y adjudicación a la “mejor oferta”) por la que el ciudadano debe ser reeducado convenientemente Ad Maiorem Partit Gloriam.

    Y todos a sonreir….y a votar, por supuesto..


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