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Apalancamiento

En los productos derivados se puede realizar una operación denominada apalancamiento. El apalancamiento no es más que comprar más activos de los que realmente podemos pagar.

Pongamos como ejemplo que queremos comprar un activo (por ejemplo acciones) que cotiza a cien euros. Si compráramos el activo directamente nuestros cien euros podría comprar una sola acción, y por tanto obtendríamos el beneficio (o la pérdida) de una acción. Sin embargo, nunca perderíamos la acción, así que por mucho que bajara, siempre y cuando la empresa no desaparezca, seguiremos teniendo algo de dinero (lo que cueste la acción en ese momento), y la capacidad de recuperarlo por revalorización. En la gráfica, representamos la cotización del valor a lo largo del tiempo en verde pálido.

apalancamiento

Sin embargo, comprando un derivado sobre ese activo, no tendremos que pagar inmediatamente el activo, sino una prima mucho más reducida (por ejemplo, la mitad, aunque normalmente es mucho menor). Así, comprar derivados sobre esos cien euros de activo nos costaría cincuenta euros. Con los otros cincuenta podemos hacer lo que queramos; por ejemplo, podemos comprar derivados de más activos de lo que podemos pagar. En nuestro ejemplo, compraremos otra acción, exactamente el doble de lo que podríamos pagar.

¿Por qué querríamos hacer esto? Si tenemos más activos, un beneficio en un activo repercute en mayores beneficios para nosotros. Y lo mismo ocurre con las pérdidas. De esta forma, multiplicamos tanto las pérdidas como las ganancias, como una palanca multiplica la fuerza ejercida sobre un objeto. En la gráfica, podemos ver el movimiento multiplicado con una línea de verde fuerte punteado. Cuando el precio sube cincuenta euros desde el precio de compra, la posición apalancada sube cien. Y cuando la cotización baja casi cien euros, la posición baja el doble, casi doscientos.

El problema del apalancamiento es que, como hemos visto, aumenta el riesgo de la posición, pues cabe la posibilidad de que nos toque pagar más de lo que podemos (mucho más). Si las cosas van bien, ganaremos dinero y podremos hacer frente con los mayores beneficios a las mayores deudas. Pero si todo va mal…

A la hora de operar, lo haremos a través de un intermediario, y, si incurrimos en pérdidas, o las pagamos nosotros o las tendrá que pagar el intermediario. Por tanto, éste se asegurará de la liquidez de nuestra posición. En caso de que nuestras pérdidas se acerquen al total de nuestras posesiones (los derivados que hemos comprado), el intermediario intentará contactar con nosotros para sugerirnos que metamos más dinero a la cuenta (en nuestro ejemplo, tendríamos que meter casi cien euros más a la cuenta, para que no entre en negativo). Si no lo hacemos (quizás porque no podemos), el intermediario empezará a liquidar nuestra posición vendiendo derivado tras derivado, para hacer frente a las obligaciones en el futuro, y no perder dinero. Así, si no vigilamos nuestra posición, cabe la posibilidad de que llegue a cero. Y si llega a no valer nada, el intermediario lo habrá vendido todo, y nos habremos quedado sin nada, como la línea verde continua representa con el aplomo de un electrocardiograma en una película. Ni activo, ni derivado, ni dinero. Arruinados.

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